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miércoles, 9 de febrero de 2011

Himno a la Soledad



Saludos, agradable y suave Soledad,
compañera de los piadosos y sabios;
de cuyo sagrado y penetrante ojo
huyen los tontos, manadas de villanos.
¡Ah! Cómo adoro caminar a tu lado,
y escuchar tus palabras susurradas,
impartiendo verdad e inocencia
en todos los corazones obstinados.

Mil formas puedes adoptar con facilidad,
y en cada forma otorgas tu bondad.
Ahora envuelta en algún sueño misterioso,
tomas la silueta de un solitario filósofo;
ahora vuelas rápido de la colina al valle,
y barres el firmamento estrellado;
luego en un pastor asolas la planicie,
murmurando adelante en la tensa corriente;
ahora en un amante, con toda la gracia
de tu dulce pasión en el rostro:
entonces, calmada en la amistad, asumes
la mirada apacible de la flor de Hertford,
como con su Musidora, ella yace
(su Musidora que te ama)
entre el largo claro retirado,
despertando al beligerante ruiseñor.

Tuyo es el aliento balsámico de la mañana,
tal como se inclina el rocío que nace;
y mientras golpean los fervores del meridiano,
tuya es la retirada muda del bosque;
pero cuando las escenas del ocaso decaen,
y la ilusión de las landas se desvanece,
tuya es la suavidad dudosa que declina,
y la hora mejor para tu reflexión sombría.

Descienden los ángeles para bendecir tu paso,
las virtudes del prudente y del sabio;
la inocencia simple se viste de blanco,
antes de que alces tu cabeza intrépida:
los rayos de la fe brillan a tu alrededor,
y aclaman tu penumbra con luz divina:
sobre tu ser la libertad flota ligera,
y la absorta Urania canta para ti.

¡Oh, deja que penetre tu celda secreta!
¡Deja que habite en tu morada profunda!
Quizás en la colina adornada de robles,
cuando la meditación la arrebate,
pueda yo reposar mis descuidados ojos
donde crecen las torres espigadas de Londres;
pensar en sus crímenes, sus cuidados, su dolor,
y luego ocultarme en tus bosques otra vez.
James Thomson

lunes, 1 de noviembre de 2010

Balada de un entierro (Rudyard Kipling)



Si justo aquí debo morir,
solemnemente os debo pedir
que tomes lo que resta de mí
hacia las colinas por el bien del viejo bien.
Amortájame en el mismo fondo,
en el mismo hielo usado para apagar,
aquel mismo que bebí cuando estaba seco.
-Observa esto para el bien del viejo bien-

Corre hacia la estación de trenes,
hacia Umballa pide sólo un billete de ida,
no me preocupa el retraso o las sacudidas.
Descansaré alegremente del rencor
de los coolies y su clamor;
así envuelto de mi dignidad
envíame lejos para el bien del viejo bien.

Luego de la soñolienta Babu despierta,
reserva para cuatro un camión.
Pocos, creo, desearán viajar
en mi lóbrega compañía,
como antiguamente hacían.
Necesitaré un descanso especial,
algo que nunca antes tomé,
consíguemelo para el bien del viejo bien.

Después de esto, todo debes disponer,
no seré huésped de ningún hotel,
ni la espina del buey me soportaría,
dura es la espalda y áspera la soga,
las cuerdas de Toga son frágiles y delicadas.
Crea un asiento y ubícame allí,
en una cómoda cuerda flexible,
haz lo posible para el bien del viejo bien.

Después de esto, tu trabajo está hecho.
Recuérdale al sacerdote un lamento
por la partida del querido muerto,
sacude el polvo y las cenizas al viento.
No me bajes de inmediato, confío
en una excusa que me brinde tres días.
Luego embriágate por el bien del viejo bien.

No podría soportar los llanos,
¡piensa en el ardor de Junio y Mayo!
¡Piensa en las lluvias de Septiembre!
¡Todo sobre mi hasta el día del juicio!
Nunca debería descansar en paz,
debería yacer despierto y sudar.
Bájame, entonces, hacia mi lecho,
a las colinas para el bien del viejo bien.

viernes, 29 de octubre de 2010

Agotada (Elizabeth Eleanor Siddal)


Tus fuertes brazos me rodean,
mi cabello se enamora de tus hombros;
lentas palabras de consuelo caen sobre mí,
sin embargo mi corazón no tiene descanso.

Porque sólo una cosa trémula queda de mí,
que jamás podrá ser algo,
salvo un pájaro de alas rotas
huyendo en vano de ti.

No puedo darte el amor
que ya no es mío,
el amor que me golpeó y derribó
sobre la nieve cegadora.

Sólo puedo darte un corazón herido
y unos ojos agotados por el dolor,
una boca perdida no puede sonreír,
y tal vez ya nunca vuelva a reír.

Pero rodéame con tus brazos, amor,
hasta que el sueño me arrebate;
entonces déjame, no digas adiós,
salvo si despierto, envuelta en llanto.
Elizabeth Eleanor Siddal

viernes, 15 de octubre de 2010

Nemesis


A través de las puertas del sueño custodiadas por los ghules,
más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
he vivido mis vidas sin número,
he sondeado todas las cosas con mi mirada;
y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
arrastrado con horror a la locura.

He flotado con la tierra en el amanecer de los tiempos,
cuando el cielo no era más que una llama vaporosa;
he visto bostezar al oscuro universo,
donde los negros planetas giran sin objeto,
donde los negros planetas giran en un sordo horror,
sin conocimiento, sin gloria, sin nombre.

He vagado a la deriva sobre océanos sin límite,
bajo cielos siniestros cubiertos de nubes grises
que los relámpagos desgarran en múltiples zigzags,
que resuenan con histéricos alaridos,
con gemidos de demonios invisibles
que surgen de las aguas verdosas.

Me he lanzado como un ciervo a través de la bóveda
de la inmemorial espesura originaria,
donde los robles sienten la presencia que avanza
y acecha allá donde ningún espíritu osa aventurarse,
y huyo de algo que me rodea y sonríe obscenamente
entre las ramas que se extienden en lo alto.

He deambulado por montañas horadadas de cavernas
que surgen estériles y desoladas en la llanura,
he bebido en fuentes emponzoñadas de ranas
que fluyen mansamente hacia el mar y las marismas;
y en ardientes y execrables ciénagas he visto cosas
que me guardaré de no volver a ver.

He contemplado el inmenso palacio cubierto de hiedra,
he hollado sus estancias deshabitadas,
donde la luna se eleva por encima de los valles
e ilumina las criaturas estampadas en los tapices de los muros;
extrañas figuras entretejidas de forma incongruente
que no soporto recordar.

Sumido en el asombro, he escrutado desde los ventanales
las macilentas praderas del entorno,
el pueblo de múltiples tejados abatido
por la maldición de una tierra ceñida de sepulcros;
y desde la hilera de las blancas urnas de mármol persigo
ansiosamente la erupción de un sonido.

He frecuentado las tumbas de los siglos,
en brazos del miedo he sido transportado
allá donde se desencadena el vómito de humo del Erebo;
donde las altas cumbres se ciernen nevadas y sombrías,
y en reinos donde el sol del desierto consume
aquello que jamás volverá a animarse.

Yo era viejo cuando los primeros Faraones ascendieron
al trono engalanado de gemas a orillas del Nilo;
yo era viejo en aquellas épocas incalculables,
cuando yo, sólo yo, era astuto;
y el Hombre, todavía no corrompido y feliz, moraba
en la gloria de la lejana isla del Ártico.

Oh, grande fue el pecado de mi espíritu,
y grande es la duración de su condena;
la piedad del cielo no puede reconfortarle,
ni encontrar reposo en la tumba:
los eones infinitos se precipitan batiendo las alas
de las despiadadas tinieblas.

A través de las puertas del sueño custodiadas por los gules,
más allá de los abismos de la noche iluminados por la pálida luna,
he vivido mis vidas sin número,
he sondeado todas las cosas con mi mirada;
y me debato y grito cuando rompe la aurora, y me siento
arrastrado con horror a la locura.


H.P. Lovecraft

sábado, 9 de octubre de 2010

Supremo Idilio


-Boceto de un poema-

En el balcón romántico de un castillo adormido

que los ojos suspensos de la noche adiamantan,
una figura blanca hasta la luz… Erguido
bajo el balcón romántico del castillo adormido,
un cuerpo tenebroso… Alternándose cantan.

-¡Oh tú, flor augural de una estirpe suprema

que doblará los pétalos sensitivos del alma,
nata de azules sangres, aurisolar diadema
florecida en las sienes de la Raza!… Suprema-
Mente pulso en la noche tu corazón en calma!

-¡Oh tú que surges pálido de un gran fondo de enigma

como el retrato incógnito de una tela remota!…
Tu sello puede ser un blasón o un estigma;
en las aguas cambiantes de tus ojos de enigma
un corazón herido -y acaso muerto- flota!

-Los ojos son la Carne y son el Alma: mira!

Yo soy la Aristocracia lívida del Dolor
que forja los puñales, las cruces y las liras,
que en las llagas sonríe y en los labios suspira…
Satán pudiera ser mi semilla o mi flor!

Soy fruto de aspereza y maldición: yo amargo

y mancho mortalmente el labio que me toca;
mi beso es flor sombría de un Otoño muy largo…
Exprimido en tus labios dará un sabor amargo,
y todo el Mal del Mundo florecerá en tu boca!

Bajo la aurora fúlgida de tu ilusión, mi vida

extenderá las ruinas de un apagado Averno;
vengo como el vampiro de una noche aterida
a embriagarme en tu sangre nueva: llego a tu vida
derramada en capullos, como un ceñudo Invierno!

-!Cómo en pétalos flojos yo desmayo a tu hechizo!…

Traga siniestro buitre mi pobre corazón!
En tus manos mi espíritu es dúctil como un rizo…
El corazón me lleva a tu siniestro hechizo
como el barco inconsciente el ala del timón!

Comulga con mi cuerpo devoradora sima!

Mi alma clavo en tu alma como una estrella de oro;
florecerá tu frente como una tierra opima,
cuando en tu almohada trágica y honda como una sima,
mis rizos se derramen como una fuente de oro!

-Mi alma es negra tumba, fría como la Nieve…

-Buscaré una rendija para filtrarme en luz !
-Albo lirio !… A tocarte ni mi sombra se atreve…
-Te abro; ¡ oh mancha de lodo ! mi gran cáliz de nieve
y tiendo a ti eucarísticos mis brazos, negra cruz!

Enróscate; ¡oh serpiente caída de mi Estrella

sombría! a mi ardoroso tronco primaveral…
Yo apagaré tu Noche o me incrustaré en ella:
seré en tus cielos negros el fanal de una estrella
seré en tus mares turbios la estrella de un fanal!

Sé mi bien o mi mal, yo viviré en tu vida!

Yo enlazo a tus espinas mi hiedra de Ilusión…
Seré en ti una paloma que en una ruina anida;
soy blanca, y dulce, y leve; llévame por la Vida
prendida como un lirio sobre tu corazón!

-Oh dulce, dulce lirio!… Llave de las alburas!

Tú has abierto la sala blanca en mi alma sombría,
la sala en que silentes las Ilusiones puras
en dorados sitiales, tejen mallas de alburas!…
-Tu alma se vuelve blanca porque va siendo mía!

-Oh leyes de Milagro!… yo, hijo de la sombra

Morder tu carne rubia: oh fruto de los soles!
-Soy tuya fatalmente: mi silencio te nombra,
y si la tocas tiembla como un alma mi sombra!…
Oh maga flor del Oro brotada en mis crisoles!

-Los surcos azulados del Ensueño sembremos

de alguna palpitante simiente inconcebida
que arda en florecimientos imprevistos y extremos;
y al amparo inefable de los cielos sembremos
de besos extrahumanos las cumbres de la Vida!

Amor es milagroso, invencible y eterno;

la vida formidable florece entre sus labios…
Raíz nutrida en la entraña del Cielo y del Averno,
viene a dar a la tierra el fuerte fruto eterno
cuyo sangriento zumo se bebe a cuatro labios!

Amor es todo el Bien y todo el Mal, el Cielo

todo es la arcada ardiente de sus alas cernidas…
Bajar de un plinto vano es remontar el vuelo…
Y Él te impulsa a mis brazos abiertos como el Cielo,
oh suma flor con alma, a deshojar en vidas!…

En el balcón romántico de un castillo adormido

que los ojos suspensos en la Noche adiamantan,
el Silencio y la Sombra se acarician sin ruido…
Bajo el balcón romántico del castillo adormido
un fuerte claro-oscuro y dos voces que cantan…

Delmira Agustini

viernes, 2 de abril de 2010

Soneto de pega


Se me está ocurriendo una idea
no es más que un canto al mar
el que por algún momento se mosquea
no se preocupe, no he ido al bar.

Solo es por ventura canto que chorrea
y a dos voces elaborado sin par
para todo el que con mesura lo vea
que en ingles no es coche si no que es a car.

Y ahora me pongo serio amada mía
porque no es mi gana pero he de amar
aquello que por desgracia es tu tía

que ya sabemos, es fea como un calamar
de tal como es la tiraron a la vía
pero ni siquiera el tren la supo arrollar.